CU de la US
Luis Miguel Villar Angulo

Boicotear a Hewlett Packard, no a la Academia Israelita

 

Por

David Moshman.

Los partidarios de los derechos palestinos están boicoteando objetivos asociados con Israel. Muchos ven todos estos boicots como justificados. Muchos partidarios de Israel mantienen en cambio que no se pueden justificar tales boicots. Y muchos académicos sostienen, en particular, que nunca se pueden justificar los boicots académicos.

Con el debido respeto, no estoy de acuerdo con ninguno de ellos. Es posible argumentar que algunos boicots dirigidos a Israel están justificados, incluyendo potencialmente algunos boicots académicos, pero un boicot general a todos los colleges y universidades israelíes no lo es.

Permítanme comenzar con un caso reciente en la Universidad de Siracusa que planteó la cuestión de boicotear a un individuo porque era israelí, aunque ahora parece que nadie en Siracusa piensa que esto se pueda justificar. Aquí está la historia enrevesada de un boicot que no era realmente un boicot sino más bien una cancelación de una invitación que fue atribuida a un boicot y luego seguida de negaciones, disculpas, y una re-invitación.

Conocen a Shimon Dotan, un cineasta israelí galardonado, que ha enseñado en universidades de Israel, Canadá y Estados Unidos. Dotan fue invitado a presentar su nueva película The Settlers en una conferencia en la primavera de 2017, “El lugar de la religión en el cine”, en la Universidad de Siracusa. Pero entonces se le retiró la invitación por el organizador de la conferencia, que escribió que sus colegas “me han advertido de que la facción de BDS en el campus cometerá asuntos muy desagradables para usted y para mí si viene.”

BDS es un movimiento no violento de los derechos humanos de los palestinos que se basa en el boicot, la desinversión y en sanciones. En respuesta a la publicidad negativa sobre la cancelación del acto, los profesores de Siracusa afiliados a BDS han negado haber desempeñado papel alguno. Por el contrario, señalaron que BDS boicotea las instituciones, no los individuos. Boicotear a un individuo porque él o ella sea israelí y/o judía sería incompatible con la política de BDS.

Además, respondiendo a la publicidad negativa, la Universidad de Siracusa observó que un boicot a los israelíes violaría su política de no discriminación por razones de ciudadanía o de origen nacional. Al comenzar el año académico 2016-17 se anunció que se iba a invitar al Profesor Dotan después de todo, pero al parecer no para la conferencia de la primavera de 2017.

Mientras tanto, el organizador de la conferencia emitió un comunicado disculpándose por la cancelación de la invitación. Había “exagerado las preocupaciones expresadas por algunos de mis colegas”, escribió, y “permitido que mi propio miedo a la controversia gobernara sobre el buen juicio y la buena enseñanza.” No está claro exactamente lo que ha pasado aquí, pero estoy contento con el aparente consenso de que los individuos no deben ser boicoteados en base a su nacionalidad, origen étnico, religión, u otras características.

Considere, por el contrario, los boicots de Hewlett Packard, Caterpillar, SodaStream, Ahava, G4S, y otras corporaciones cómplices de las violaciones de Israel a la ley internacional de los derechos humanos. El propósito de estos boicots es presionar a las empresas para que no participen en la violación de los derechos palestinos y así obligar a Israel a respetar la legislación internacional relativa a los refugiados, los asentamientos, la demolición de viviendas, la libertad de movimientos, la discriminación étnica, la prisión y la tortura.

Estos boicots se dirigen a empresas específicas que son cómplices directos de violaciones de derechos humanos específicos. Cada empresa es libre en cualquier momento de terminar con el boicot si cambia su comportamiento. Se puede argumentar acerca de la utilidad de cualquier boicot en particular, pero un boicot de este tipo es a menudo justificable e incluso moralmente admirable.

¿Y los boicots académicos? La Asociación Americana de Profesores Universitarios se opone a los boicots académicos, pero mantiene una lista de instituciones censuradas que cualquiera puede boicotear. Pero para entrar en la lista de AAPU una institución debe violar gravemente las normas académicas básicas, como cuando la Universidad de Illinois rescindió su oferta de trabajo al profesor Steven Salaita debido a las objeciones por sus tuits antisionistas. Y las universidades pueden salir de la lista cambiando sus políticas y prácticas.

Un boicot académico de todos los colleges y universidades de un país, por el contrario, elimina los objetivos de la comunidad académica internacional por razones que están fuera de su control. Tales boicots amenazan la meta ideal del mundo académico de ser una comunidad internacional autónoma que trasciende las divisiones nacionales.

La gente tiene derecho a boicotear las instituciones, incluso cuando su boicot se considera poco prudente o injustificable. Pero al boicotear los derechos humanos debemos pensar seriamente qué estamos tratando de lograr y cuál es la mejor manera de lograr esos objetivos. Nuestra elección de objetivos y tácticas debe ser consistente con nuestro compromiso con los derechos humanos y la libertad académica.

Cripta del Patio Banderas

Cripta del Patio Banderas

Supporters of Palestinian rights are boycotting targets associated with Israel. Many see all such boycotts as justified. Many supporters of Israel maintain instead that no such boycott can be justified. And many academics argue that academic boycotts, in particular, can never be justified.

With all due respect, I disagree with everyone. I argue here that some boycotts aimed at Israel are justifiable, potentially including some academic boycotts, but a general boycott of all Israeli colleges and universities is not.

Let me start with a recent case at Syracuse University that raised the question of boycotting an individual because he is Israeli, though it appears now that no one at Syracuse thinks this can be justified. Here is the convoluted tale of a boycott that was not really a boycott but rather a disinvitation that was blamed on a boycott and then followed by denials, apologies, and a re-invitation.

Meet Shimon Dotan, an award-winning Israeli filmmaker who has taught at universities in Israel, Canada, and the United States. Dotan was invited to present his new film The Settlers at a spring 2017 conference on “The Place of Religion in Film” at Syracuse University. But then he was disinvited by the conference organizer, who wrote that her colleagues “have warned me that the BDS faction on campus will make matters very unpleasant for you and for me if you come.”

BDS is a nonviolent movement for Palestinian human rights that relies on boycotts, divestment, and sanctions. Responding to negative publicity about the disinvitation, Syracuse faculty affiliated with BDS denied that they had played any role. On the contrary, they noted, BDS boycotts institutions, not individuals. Boycotting an individual because he or she is Israeli and/or Jewish would be inconsistent with BDS policy.

Also responding to the negative publicity, Syracuse University observed that a boycott of Israelis would violate its policy of nondiscrimination on the basis of citizenship or national origin. As the 2016-17 academic year began it announced that it would invite Professor Dotan after all, but apparently not for the spring 2017 conference.

Meanwhile, the conference organizer issued a statement apologizing for the disinvitation. She had “overstate[d] concerns expressed by some of my colleagues,” she wrote, and “allowed my own fear of controversy to rule over good judgment and good teaching.” It remains unclear just what happened here, but I’m content with the apparent consensus that individuals must not be boycotted on the basis of nationality, ethnicity, religion, or other such characteristics.

Consider, by contrast, the boycotts of Hewlett Packard, Caterpillar, SodaStream, Ahava, G4S, and other corporations complicit in Israeli violations of international human rights law. The purpose of these boycotts is to pressure companies not to participate in violating Palestinian rights and thus force Israel to comply with international law regarding refugees, settlements, home demolitions, freedom of movement, ethnic discrimination, imprisonment, and torture.

These boycotts target specific companies that are directly complicit in specific human rights violations. Each company is free at any time to end the boycott by changing its behavior. One can argue about the usefulness of any particular boycott but boycotts of this sort are often justifiable and even morally admirable.

And academic boycotts? The American Association of University Professors opposes academic boycotts but maintains a list of censured institutions that anyone is free to boycott. But to get onto the AAUP list an institution must seriously violate basic academic standards, as when the University of Illinois rescinded its job offer to Professor Steven Salaita because of objections to his anti-Zionist tweets. And colleges can get off the list by changing their policies and practices.

An academic boycott of all colleges and universities in an entire country, in contrast, removes its targets from the international academic community for reasons beyond their control. Such boycotts threaten the important ideal of academia as an autonomous international community that transcends national divisions.

People have a right to boycott institutions even when their boycott is deemed unwise or unjustifiable. But in boycotting for human rights we should think hard about what we are trying to accomplish and how best to achieve those ends. Our choice of targets and tactics must be consistent with our commitment to human rights and academic freedom.

 

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Luis Miguel Villar Angulo