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Luis Miguel Villar Angulo

Cambio climático en el aula universitaria

 Cambio climático

Cambio climático en el aula universitaria.

El tema del cambio climático en el aula universitaria, o la transformación del ambiente psicosocial de clase, se puede enunciar como suposición: ¿por qué el contexto de una clase universitaria tiene, como la atmósfera, zonas de ozono que oxigenan la satisfacción y el rendimiento en el aprendizaje?

Cambio climático en el aula universitaria y mutación social

Las literaturas educativas y psicosociales enuncian – como descripción, investigación o entrenamiento – la constatación del ambiente de clase de cualquier nivel educativo o especialidad curricular, sí, pero también formulan lo más substancial: el perfeccionamiento, es decir, las transformaciones de las percepciones de los sujetos en el aula. El cambio climático en el aula no son el aumento de la temperatura global de un salón de clase, el desarrollo sostenible, la reducción de desigualdades, o la batalla de los derechos humanos, sino las percepciones o primeras impresiones de bienestar de los estudiantes con la enseñanza y el aprendizaje.

Las obras y artículos sobre el cambio climático son, así, las desiguales pronunciaciones de las ilusiones y espejismos de profesores y estudiantes por hallar la esencia y resplandor de la satisfacción comunicativa con propósito instructivo. El cambio climático en el aula es la búsqueda del patrón de calentamiento motivacional durante el periodo prolongado del curso de una materia. Las resonancias del cambio climático en el aula universitaria tienen una causa antrópica (por la actividad humana), aunque algunos pensadores lo quieran buscar en erupciones curriculares, circulación de los alumnos entre las competencias de un practicum, y otras emanaciones que alteran las condiciones físicas de las aulas, que atrapan el ruido, el frío o el calor, la sobreexposición lumínica o la deficiente iluminación en el hábitat ocasional de un curso.

El cambio climático en el aula universitaria es una ocupación universal en los estudios educativos gracias a sus asociaciones promisorias con otras construcciones mentales, una circulación energética que busca la mutación social y académica de los estudiantes. El cambio climático encuentra en las características de los agentes de una clase la posibilidad de multiplicar el conocimiento sobre la diversidad humana, una aventura de introspección humana que ayuda a los sujetos a respirar de otra forma. La posibilidad de engendrar nuevo conocimiento particularizado sobre los aprendizajes de los estudiantes o las percepciones que conservan temporalmente sobre los profesores. Se trata de un contraste de perspicacias, un encuentro/desencuentro, al mismo tiempo, docente y discente; uno, productor de actos de comunicación y otro, receptor de señales, que las devuelve con recato o desdén tímido.

Cambio climático en el aula universitaria es una emisión de radiaciones de apoyo, cooperación, aviso, desaire o de otro tipo entre las personas de una clase. Mientras, el ozono de la atmósfera de una clase está en función de su capacidad para engendrar satisfacción: la historia de una asignatura en un curso académico, considerado como conjunto, es una historia de seducciones por las tareas curriculares, de fragmentos conscientes e inconscientes de sabiduría disciplinar y de compromisos para la mejora de las competencias de la materia.

El resultado de una asignatura es fruto del clima, llámese la trama (O3)2 o CO2. El razonamiento que se hace del caldeamiento del ambiente de una clase suele atribuirse al entusiasmo y carácter de la gente de un curso, como el enfriamiento se imputa a la alienación y apatía de sus ocupantes. La comprensión del cambio climático en el aula es como una premonición de la substancia docente y de la voz de los estudiantes, hasta entonces callados; silenciosos porque lo que iban a decir no era más bello que el silencio.

El discernimiento del cambio climático es una intuición del impacto de un proceso de aprendizaje, tras reconocer como el aire y la soledad del aprendizaje se hacen visibles. El sabor de las percepciones estudiantiles proyectadas en instrumentos psicosociales indican los niveles de ozono del aprendizaje, por debajo de cuya capa el perfil de rendimiento, satisfacción o aprovechamiento en una asignatura es plano, sin emoción, sin desarrollo cognitivo. Perseguir el cambio climático en una clase es buscar la complicidad del filtro de los rayos ultravioleta que ayuden a la vida humana en el aula a instar al desarrollo: un ansia de afirmación del sí mismo.

El factor humano en la variación climática

El factor humano actúa como el principal constituyente del cambio climático en el aula. El ambiente no depende tanto de la arquitectura del edificio o del aula cuanto de la poesía del lenguaje, de la comunicación no verbal, del idioma de los signos y símbolos que se musitan y soplan en las relaciones interpersonales. Es así. Reconoce una atmósfera depuradora de aire, de irrenunciabilidad en el desarrollo personal y de gestión del propio sistema de clase que atrapa la motivación con sus afirmaciones de acciones y transacciones de competencias que, invisiblemente, no puede ser arrebatado por otras particularidades.

El factor humano en el aula aporta una energía de cosmopolitismo por la presencia de estudiantes de otros países y costumbres que debe hacernos replantear otras fuentes culturales, como el sol, el viento, el mar, los ríos y hasta el calor de la Tierra son nuevas opciones energéticas que prometen un mundo más nítido.

La literatura sobre el clima social de aula ha vivido, como en los sondeos de opinión publica, la búsqueda del posicionamiento de las personas mediante encuestas electorales. La búsqueda de las percepciones de las personas sobre aspectos políticos, económicos y sociales es una cuestión que, abordada por la sociología, manifiesta la curiosidad de la ciencia por lo universal. La avidez por contemplar el funcionamiento del universo de una clase mira y mide las percepciones de los estudiantes y en menor medida las de los profesores.

Busca en los adentros de los procesos de comunicación algo difícil y complejo: aflorar la sinceridad del aprendizaje. Una autenticidad rodeada de construcciones mentales que se puedan contar como es la ansiedad, la implicación, la inclinación a ejecutar las tareas, o la cohesión del grupo de clase. El ambiente social, el clima de aprendizaje, el milieu organizativo de un campus, departamento o clase se puede medir, contar, perfilar científica o artísticamente. De ahí que se pueda contar.

Climagramas y representación del cambio climático

Hacia los años sesenta del siglo pasado se inició el conteo del clima de aprendizaje de clase por medio de cuestionarios cuyas escalas compositivas medían diversas clarividencias de los estudiantes, incluidas las percepciones que tenían de ellos mismos, de la organización de la clase incluso del ambiente físico.

Modularé un instrumento que fue paradigmático en la medición del clima de aprendizaje en el aula: What Is Happening in This Class? (WIHIC) en la versión de Pickett y Fraser (2010), porque el sonido de la escuela australiana de pensamiento sobre ambiente es la que más se escucha y sigue en la revista especializada de este género.

Cohesión del estudiante, apoyo docente, implicación, investigación, orientación a la tarea, cooperación e igualdad… este es el sentido del ambiente de siete escalas de aprendizaje en clase. Cuando simbolizamos el ambiente puntuando un cinco (equivalente a “casi siempre”) en una escala tipo Likert de cinco puntos, la suma de los ítems asemeja al sueño que soñamos: el ambiente real de clase es el imaginario, preferido, el sustancioso climagrama que es señal de aprendizaje.

Entonces, el mapa de la presión atmosférica (isobaras) no anuncia que exista previsión de lluvias de quejas e insatisfacciones de aprendizaje. Cuando la herramienta se pasa dos o más veces en el transcurso de un tiempo académico (dependiendo de la materia troncal u optativa) se establece una superposición de isobaras o climagramas que representada en capas, como una fotografía, puede habilitar la revelación de una animación, una acción emocionante por el aroma de satisfacción, una expectativa de rendimiento, una llave de apertura a nuevos valores de información tecnológica. En definitiva, el ambiente estadístico se torna en un cuadro.

Cambio climático, actitudes, rendimiento

Vigilemos cómo el ambiente se asocia a actitudes de ansiedad, divertimento, expectativa o importancia percibida de una materia. Cuidemos que el ambiente tenga relaciones beneficiosas con las características de los sujetos y sus antecedentes. Velemos porque el ambiente no ahuyente el autoconcepto de los alumnos y el rendimiento en los estudios. Procuremos que el cambio climático se distancie de los tonos neutros de las indisposiciones. Gestionemos que nada haga traicionar el desarrollo intelectual, afectivo y comportamental de los estudiantes.

El cambio climático en el aula universitaria está hecho de sueño, diligencia y reivindicación. El principio de un curso en la universidad ha huido, lo que espera un estudiante al final de un curso y de una carrera está lejano, pero el presente afilado, como dientes de sierra del cambio climático, en el aula es de todos, estudiantes y profesor.

LMVA & Lumivian

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6 pensamientos sobre “Cambio climático en el aula universitaria

  1. Olga María ALEGRE DE LA ROSA

    Maravillosas fotografías, especialmente la de los Verodes que como balcones observan desde lo alto, con un clima privilegiado, el devenir de la diversidad humana y sus costumbres.
    Estudiar el clima universitario, como sucede con el cambio climático, hace que debamos analizar la basura y su reciclaje, el escaso respeto por el otro y las cuitas departamentales que hacen irrespirable una institución que debiera caracterizarse por su limpieza y sobriedad.
    Magnífico post, profesor Villar, que como todos, nos hace reflexionar sobre la climatología atmosférica y sobre el clima académico institucional y también el clima del aula donde el profesor y sus estudiantes constituyen un microclima de relaciones que, como el Verode, se abren en hojas a modo de nenúfar sobre el agua y florecen, sin que nadie sepa cómo, con poca tierra, algo de agua y la mirada amorosa del que observa con pasión toda realidad humana…
    Gracias por tu post. Olga.

  2. lmva Autor

    Has privilegiado el verode, que es una planta que remata las cornisas de los edificios de La Laguna y que le dan a la ciudad y a sus edificaciones una fisonomía propia. El clima psicosocial de las aulas de esa Universidad también tienen un carácter distintivo. Lo has comprobado en tu docencia y gestión. Te animo a seguir haciendo comentarios que me ayudan en la escritura. Gracias por tu pasaje lírico-crítico.

  3. nago villaracasus

    La idea del post me parece una nueva metáfora. Las isobaras de una clase ofrecen una perspectiva del grado de acercamiento o distancia con una situación estresante. La época de los exámenes de junio se parece a una borrasca: no paran de llegar tareas y se busca la compañía de los demás para terminar la preparación de apuntes.

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