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Luis Miguel Villar Angulo

El aprendizaje invertido (“flipped”) en las clases universitarias

El aprendizaje invertido (“flipped”) en las clases universitarias.

 

El aprendizaje invertido (“flipped”) en las clases universitarias

Pierre Luis Geldenhuys

El aprendizaje invertido (“flipped”) en las clases universitarias

Pierre Luis Geldenhuys

El aprendizaje volotea y cambia de sitio: echa la clase magistral del aula y se embelesa con actividades que se mecen en el tiempo del horario de clase. Fuera del aula, las videotecas albergan cientos de explicaciones disciplinarias para espigar aprendizajes. Dentro de una clase llega la mano docente que induce a discusiones, provoca juicios críticos, revolotea imaginaciones, mientras la sombra de la actitud pasiva estudiantil desaparece.

Definición de aprendizaje invertido

El aprendizaje invertido se caracteriza por una estructura de clase en la que el contenido curricular está preasignado como tarea doméstica antes de ir presencialmente a una explicación de clase. El vaso del conocimiento fuera de clase se llena con lecciones planificadas y grabadas. En ese entorno, los sorbos de conocimiento caen en el caudal del razonamiento individual, apegados a la fluidez creadora personal como una enredadera.

El tiempo de clase se dedica al trabajo de campo desde cerros de problemas, con la calma de la ampliación conceptual docente o el ardor del aprendizaje colaborativo. Removido el humo de la explicación de un concepto, objeto o su representación mental de la realidad, un profesor siente el tránsito de cada idea dando informaciones y soluciones fluidas a estudiantes individuales.

A cada estudiante un profesor aporta una colaboración abierta apartando las hojas secas que giran en su conocimiento. Un estudiante responsable y con fluidez de recursos digitales ve y oye desde lejos el conocimiento disciplinar, y llega a clase abandonando la ausencia de ideas, emergiendo del silencio para implicarse en tareas de opinión y actividades de pensamiento que alcanzan a comprender la voz del profesor.

El aprendizaje invertido fuera del aula podría aparentar, igualmente, una noche constelada de sencillas o complejas lecturas, tareas de intensidad quedada y videos de corto minutaje. Dentro de clase, los debates, la simulación, las presentaciones grupales, los ejercicios de comprobación caen al aprendizaje invertido como al grano el suave rocío.

Emerge cierta controversia cuando se contraponen los conceptos de clase invertida y aprendizaje invertido. Por eso, algunas asociaciones pedagógicas declaran que un aprendizaje invertido amarra de agitación a una clase invertida, como una corriente a un mar su quietud aguantada. Y así, definen el aprendizaje invertido: “Enfoque pedagógico en el que la instrucción directa se mueve del espacio de aprendizaje grupal al espacio de aprendizaje individual, y el espacio grupal resultante se transforma en un ambiente de aprendizaje dinámico e interactivo donde el educador guía a los estudiantes mientras aplican conceptos y participan creativamente en el tema” (www.flippedlearning.org/definition).

Como un nuevo color de docencia universitaria, el aprendizaje invertido se compone de dos fibras: una que arranca con actividades de aprendizaje grupal en clase y otra fuera del aula, silenciosa, individual, basada en la enseñanza por ordenador.

En la definición se acumulan los cuatro cimientos del aprendizaje invertido: (a) ambiente de clase flexible desatando cercos de materias y balizas curriculares; (b) cultura de aprendizaje o nutrición fiel de competencias curriculares; (c) contenido intencional que vuela premeditadamente sin mezcla de olvido, y (d) profesor que se entrega al coro de sombras de un curso y vierte palabras de paciencia fija.

Eficacia del aprendizaje invertido en la universidad

En las actividades externas de un aprendizaje invertido se acumulan muchos formatos instructivos que posteriormente se alzan en el canto de las evaluaciones por medio del reconocimiento de hechos, la comprensión de explicaciones, las destrezas de análisis de videos, la aplicación de competencias electrónicas para que la actuación se ilumine como un faro en el formato curricular.

La dinámica de una clase se convierte en una espuma emprendedora y ligera de respuestas, preguntas abiertas, actividades de pares, presentaciones y discusiones de estudiantes que riegan los días de una materia troncal u optativa. El resultado es un cruce de interacciones que hostiga el aprendizaje y lo hace rodar combinando estrategias (aprendizaje basado en problemas o cooperativo) y haciendo astillas las tareas complejas forjando peleas oscuras contra el sí mismo de estudiantes que quieren romper actitudes, valores y disposiciones caminando juntos a los demás.

Las lecciones fuera del ámbito de clase se cuelgan en plataformas y videotecas con la ayuda de aplicaciones comerciales que salvan y transfieren las enseñanzas a ficheros MP4. La ansiedad de las miradas de los estudiantes se disipan en vasijas de resonancia de imágenes (Youtube), aplicaciones informáticas en cursos abiertos (Massive Open Online Courses (MOOCs), ficheros de audio (podcasts) u otras formas tutoriales contenidas en breves formatos con guías de un preparador o mentor. Bajo esta premisa operó y cuajó la empresa de Khan (2012) en otros niveles educativos, que parecía un sello de avidez no saciada, al punto que su academia con más de 6,500 lecciones de video tenía más de tres millones de subscriptores en 2016.

Las evidencias comparativas entre el aprendizaje invertido y la actuación tradicional tienen un camino que recorrer, aunque nadie por ahora rompa la vibración de las alas de esta innovación (DeLozier y Rhodes, 2017). Los abandonos y fracasos de los estudios universitarios no quieren ser el metal que pesa en el ambiente en algunas titulaciones universitarias, por ejemplo, biología y literatura.

En el caso de la primera, se ha ido imponiendo las transmisiones por medio de conferencias web. El profesor guía el aprendizaje con su fina erudición, golpeando la imaginación estudiantil con ilustraciones esquemáticas y sonidos que ruedan como hojas que se convierten en apuntes fácilmente comprendidos por los estudiantes.

Sucede que el aprendizaje invertido en literatura resulta cuando los estudiantes no se cansan de ser practicadores literarios analizando los textos como los sastres las telas, comprobando la originalidad del paño, situando el tejido fino del pelo de las cabras cuando es de la región de Cachemira para referirse a un cachemir, o las discusiones sobre el metalenguaje en los estudios literarios.

En fin, las conferencias vía web son raíces alternativas para absorber el contenido de un curso, y en algunos casos, son más efectivas que las clases presenciales para mejorar el aprendizaje de estudiantes (Bauer et al., 2017).

Con la razón que aportaban los estudios de metaanálisis, Lo, Hew y Chen (2017) compararon los aprendizajes invertidos frente a las clases tradicionales de educación matemática en 21 estudios mayoritariamente americanos o de Taiwan. El aprendizaje invertido provocaba un efecto general a favor de los aprendizajes invertidos frente a las clases tradicionales.

Esa revisión permitió a dichos autores proponer una decena de principios que articulaban la pulpa de la innovación desde la transición a una clase invertida, hasta el diseño de aprendizajes fuera y dentro de las aulas.

Las vetas de actitudes y la implicación de los estudiantes que endosan círculos de aprendizaje invertido, frente al inmovilismo pesado de aquellos alumnos que se resisten al cambio, parece que arrecia la mejora de los estudiantes australianos de aprendizaje invertido (McNally, 2017).

Se van rompiendo barreras en las estrategias de aprendizaje como si fueran empujadas por un intangible iconoclasta intencionado. Confío que esta estrategia no se torne en una pavesa refulgente.

 

El aprendizaje invertido (“flipped”) en las clases universitarias

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Luis Miguel Villar Angulo & LMVA

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