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Luis Miguel Villar Angulo

La gestión del estrés en académicos y estudiantes ante el inicio de un curso académico

La gestión del estrés en académicos y estudiantes ante el inicio de un curso académico. 

 La gestión del estrés en académicos y estudiantes ante el inicio de un curso académico

 

Hemos leído recientes artículos de la nueva Revista Ansiedad y Estrés que publica la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). Además de los artículos de la revista, la Guía electrónica para la gestión del estrés y de los riesgos psicosociales de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA) que incita a los empresarios a afrontar la inseguridad psicosocial de los trabajadores en sus puestos de trabajo.

En la situación laboral de la universidad, la organización de los grados y postgrados de las titulaciones, la distribución de los créditos teóricos y prácticos, el módulo del Prácticum, la mentoría de los tutores de los centros de prácticas externas y la ratio para una supervisión eficaz de los estudiantes en el campus universitario, los contenidos de las materias, la realización y demostración de competencias estudiantiles en las asignaturas son caminos paralelos para dañar el bienestar de la salud, ese bienestar que latiendo en el pecho lo trastoca física, psicológica y socialmente.

Estresor de bienestar: las dos palabras se contraponen y verlas apareadas, una delante de otra, parecen una de las impresiones que trastornan el inicio de un curso académico. Pues, la adversidad ante un horario académico, la naturaleza de las asignaturas de la carga docente de los académicos, su bajo nivel salarial, la ansiedad por la publicación en revistas de alto impacto, o una mala adaptación a las exigencias formales del currículo de un grado de los estudiantes elevan el riesgo de estrés llegando incluso a una percepción del síndrome de quemado (“burn-out”) que podría atosigar el resto del calendario de un curso académico.

En contraposición, la resiliencia, menos eterna, de académicos y estudiantes es como una espuma de los sentidos, una adaptación fugaz y luminosa que permite una adaptación a cualquier contexto. Mediante la adaptación adecuada desdeñamos los inconvenientes laborales o de estudio y penetramos en la autoestima; el aprecio es, ante todo, la consideración que tenemos de nosotros mismos.

Los académicos y los estudiantes – esos lúcidos sujetos que luchan positivamente contra las percepciones adversas producidas por los riesgos del desempleo, la pérdida de acreditaciones o becas, las exigencias laborales, los suspensos en las calificaciones o los requerimientos de las materias de ciertos grados – tienen mindfulness; tienen conciencia como videntes que tocan la experiencia visible y se relacionan abierta y curiosamente con ella.

¿Es eficaz esa regulación de la atención personal al movimiento – ausente de juicios formales – de las distintas corrientes de ambientes, cálidos y fríos, y de magnitudes ocultas del currículo de los grados que aparecen en la vida universitaria? La ansiedad generalizada en un curso cuando en éste se predican las exigencias formales de las distintas materias se puede resolver mediante la terapia del mindfulness que deberían poner en funcionamiento los distintos tutores de curso, materia y grado o mentores de profesores y estudiantes. Igualmente sería eficaz contra el tratamiento de la angustia o la fobia social.

La atención plena como terapia grupal rescata a los sujetos de la depresión y la ansiedad. Y lo inusitado de esta terapia es que no forma parte de un programa de introducción a los cursos universitarios. La atención plena, más que la luz del horizonte de un futuro profesional y el color de un ambiente de clase satisfactorio o exigente, es un pensamiento sobre el presente que toca vivirlo; un sentimiento o una emoción, en suma, que reconoce y acepta el sudor y el esfuerzo de la naturaleza humana.

Estrategias para salir adelante de la ansiedad: ¿sólo la fuerza mental de los docentes universitarios para responder a los ambientes departamentales estresantes o los eventos negativos?

El optimismo docente – no importa el género, el nivel de contratación profesional o el grado de acreditación académica -, exacerbado por valores propios, la valoración subjetiva del grado de control de un trabajo, la gratitud otorgada a los servicios que presta la institución universitaria o el reconocimiento del grupo de investigación, es una convicción personal basada en el sudor, la autoeficacia o la esperanza; el optimismo docente ha sido y es un halago del bienestar personal. De allí la satisfacción con que roza su vida y, también, su inestabilidad y muchas veces, la futilidad de los resultados de algunas encuestas de opinión sobre satisfacción.

El estrés psicológico o la ansiedad de los estudiantes al iniciar una carrera puede ser debido a no ver con claridad el futuro de una profesión, que ha intentado meter en una geometría rectilínea sin percatarse de las múltiples aristas cambiantes que tiene una profesión, o una laberíntica carrera que tiene en perspectiva, y que le exige un ejercicio físico más vigoroso y un estrés somático mayor, que desconocía en Bachillerato. Y así encontramos muchas titulaciones de grado de Ingeniería y Arquitectura, que no convierten a los estudiantes en talludos profesionales; incluso el grado de CC. de la Actividad Física y el Deporte tampoco convierte a los estudiantes en atletas de élite.

Una fracción valiosa y honda para el tratamiento del estrés y la ansiedad de docentes y estudiantes lo forman las mentorías de colaboración, bajo las cuales se crean redes de tareas para la resolución de problemas cotidianos que crean desórdenes y ansiedad. Los sujetos de los talleres – académicos o estudiantes – observarían cara a a cara o por internet a sus mentores resolviendo situaciones problemáticas.

Los talleres creados a intervalos temporales en el inicio de un curso académico darían fisonomía a un ambiente que arriesga por tener en la meditación trascendental (meditación y yoga), técnicas de relajación, retroacción personal, empatía y resiliencia nuevas formas de soñar con el bienestar holístico y de olvidar sentimientos de vacío.

La franja más suculenta del bienestar, desde luego la más amplia de nuestro pensamiento y sentimiento, es aquella que suele estar perdida en lo más intrincado de nuestro ser y que no revelamos.

Luis Miguel Villar Angulo 

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