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Luis Miguel Villar Angulo

La responsabilidad social de los Colegios Mayores y las Residencias Universitarias

La responsabilidad social de los Colegios Mayores y las Residencias Universitarias.

La responsabilidad social de los Colegios Mayores y las Residencias Universitarias

En plena presunción de modernización, los partidos políticos proponen, con inspiración indeleble, reformas universitarias que alcancen un futuro lejano.

Los propósitos de novedad de los partidos políticos averiguan aspectos sustantivos para las universidades públicas y privadas. Ninguno de ellos tiene complacencia con el clientelismo y la endogamia; tampoco están ahuecados por los presupuestos de las becas universitarias; ninguno vislumbra los criterios de calidad de las agencias de evaluación como esenciales para la selección profesional docente. En su conjunto, todos han caído en la cuenta de la inepcia del primitivo deslumbramiento por la reforma de Bolonia y de los grados académicos intermedios.

Los medios de comunicación y la ciudadanía están alarmados por la judicialización de personas y cargos universitarios. Hay una palabra que dice por sí sola la crisis en la que ha entrado la imagen universitaria: máster. Como una sola voz, las personas con buen raciocinio cuestionan los créditos de un máster y las convalidaciones de ese grado académico, que se estrenó en el panorama curricular universitario a partir del curso 2006-2007.

Debajo de esta legislatura seca de cambios en la normativa universitaria, me alejo de la cuenca de los grandes problemas que acucian a la universidad y repienso una cuestión formativa que permanece vaporosa desde la Ley Orgánica de Universidades (LOU, 2007). Me refiero a la disposición quinta de la LOU que iluminaba, con escuetas expresiones, la meta formativa “cultural y científica” de los Colegios Mayores y las Residencias Universitarias (CMRUs).

Retiro comentarios sobre la función sedimentaria de estas estancias de alojamiento que pueden acabar como una llanura de transición al campus universitario con una serie de servicios o un páramo de actividades extracurriculares que anidan o no la mejora y el aprovechamiento de los estudiantes. Realmente, ¿promueven las organizaciones (CMRUs), históricamente concebidas como colegios, la formación de los estudiantes universitarios o se han convertido los colegios en meras residencias que prestan hospedaje a los estudiantes, sin que se diferencien entre sí más allá del nombre?

No se difunden estudios publicados sobre los CMRUs en revistas científicas que midan los efectos de la convivencia de estudiantes en sus resultados académicos. Más bien esta es una cuestión que no goza de prioridad científica como programa o subprograma del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2017-2020.

Todo ello, a pesar de que la Hoja de Ruta Española del Espacio Europeo de Investigación trata de fomentar la colaboración internacional, favorecer la óptima circulación del conocimiento y consolidar un mercado abierto de investigadores, entre otras prioridades del Espacio Europeo de Investigación, que ha significado el crecimiento del número de residencias para estudiantes internacionales y la inversión de agentes internacionales en un sector de creciente demanda.

Ofertas según categorí­as de alojamiento

Tampoco las estadísticas del Ministerio de Educación y Cultura arrojan datos y cifras sobre los porcentajes de estudiantes que viven en los CMRUs o en alojamientos de viviendas privadas en alquiler. Con esa ausencia informativa, la clasificación de los estudiantes que habitan en los CMRUs por ramas de conocimiento, grados y titulaciones de las distintas universidades es mera especulación.

La estadística es aún más necesaria hoy en día cuando se celebra el 800 aniversario de la fundación de la Universidad de Salamanca que tiene el privilegio de contar con el Colegio Viejo o Colegio de San Bartolomé, constituido en 1401 por Don Diego de Anaya, que es a la sazón el más antiguo de España.

Se estimaba que un 25% de los más de 1,5 millones de estudiantes matriculados en las 84 universidades públicas y privadas necesitaban alojamiento en España en 2015/16. Además, un 15% de los estudiantes europeos vivía en residencias en 2017, aunque el porcentaje era menor en España. En esta tesitura, las 944 residencias y los 185 colegios ofertaban 91.263 plazas en España a finales de 2016, desigualmente repartidas por la geografía: Madrid ofertaba un 19% del total, seguida de Cataluña (15%), Castilla y León (14%) y Andalucía(12%).

La mayoría de las residencias ofertaba el régimen de pensión completa donde los estudiantes compartían habitualmente habitación, y las órdenes religiosas contaban con un buen número de plazas en colegios mayores masculinos o femeninos.

El Grupo RESA es en la actualidad la principal operadora de gestión de plazas en Madrid y la mayor compañía de Europa continental de residencias de estudiantes universitarios. De hecho, gestiona más de 8.000 plazas de alojamiento en 34 residencias universitarias ubicadas en 19 ciudades españolas. Y el boom inversor por hacerse con este tipo de inmuebles alternativos ya se ha introducido en España con perspectivas de crecimiento.

Las funciones típicas de los gestores incluyen la administración de las instalaciones, el mantenimiento, la limpieza, la asignación de habitaciones, la facturación, los contratos, así como la organización de proyectos y otros servicios, como el comedor, la seguridad y la resolución de conflictos. En menor grado se ocupan de la programación educativa, a pesar de tener como socios a universidades vinculadas.

Sin embargo, sería igualmente necesario conocer de esas organizaciones cuáles son o serían las conductas de los administradores que cumplen unas normas cuyos límites no deberían sobrepasar en la gestión de los CMRUs, más allá del dominio y pericia de procesos tecnológicos que presumiblemente los hacen más eficientes.

Efectos psicológicos: de actitudes, valores e identidades

El compromiso universitario es supuestamente uno de los beneficios de residir en un CMRU. Aparentemente un estudiante invierte tiempo y esfuerzo en sus estudios y paralelamente ejecuta actividades conducentes a resultados exitosos. Paralelamente los CMRUs ponen a disposición de los estudiantes recursos humanos y materiales con los que se organizan servicios y actividades que los invitan a participar para beneficiarse de ellos.

A principios de cada año académico sale como noticia en la prensa las novatadas a los estudiantes que entran por primera vez en un CMRU. Sin embargo, poco se razona sobre los éxitos o fracasos de los estudiantes tras su primer año en la universidad y la contribución que han tenido los CMRUs en esos resultados.

Igualmente, resulta difícil determinar cómo las experiencias de conexión de los miembros (encuentros sexuales esporádicos) en los CMRUs han definido diferentes actitudes en hombres y mujeres, relaciones amorosas heterogéneas o la centralidad que ha tenido el alcohol (“botellón”) en la socialización juvenil facilitada por el ambiente permisivo en esas organizaciones. El Grupo RESA tampoco ha dado cuenta de los efectos que tiene su gestión en los estudiantes, incluidos indicadores de satisfacción de los participantes.

Los investigadores de los CMRUs en otros países, por ejemplo, las “fraternities /sonorities” de las universidades norteamericanas, se habían centrado más en el uso del alcohol, el abuso sexual, y las novatadas que en constatar la influencia que tenía este tipo de organizaciones en el desarrollo personal de los estudiantes.

Reconocían el alto riesgo de consumo del alcohol en los centros universitarios y en las residencias para cuya limitación habían sugerido “estrategias protectoras de conducta” que redujeran, mas que eliminaran, el daño potencial del alcohol; unas estrategias, que sometidas a una investigación de tipo experimental, habían mostrado beneficios en la minoración del consumo alcohólico.

En otros aspectos de la vida social, como el crecimiento en posiciones de liderazgo en el primer año residencial, no se había mantenido el desarrollo de destrezas vinculadas con el poder sobre los demás tras un seguimiento en el cuarto año de carrera.

En fin, los miembros de un CMRU realizaban una inmersión en la convivencia social de una entidad que pivotaba en la vida académica; efectuaban una transición al compromiso basado en la teoría de la participación universitaria; experimentaban un anhelo de coexistir con los pares como si fueran una “comunidad de aprendizaje”.

Clima y cultura en los CMRUs

El alojamiento variado de estudiantes universitarios quedaba limitado por fórmulas de gestión pública y privada. ¿Qué beneficio representaba un CMRU en la responsabilidad personal y social de un estudiante? ¿Qué clima y cultura de vida expresaban los CMRUs y en qué círculo vibraban los estudiantes para que se produjeran cambios, se mejoraran patrones de conducta, se redujeran los riesgos de conductas antisociales y se creara una adherencia saludable a principios de colegialidad, mutualidad y ayuda?

Eso me pregunto, vacío de hallazgos empíricos suficientes sobre la bondad de los CMRUs que resuelvan parcialmente la imagen de la Universidad; eso me cuestiono, bajo la nube ciega de palabras amables de empresas que compran y gestionan inmuebles de alojamiento y que rozan el mercantilismo para aumentar las tasas de beneficios.

 

Luis Miguel Villar Angulo

 

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