CU de la US
Luis Miguel Villar Angulo

No vale solo la e (electrónica) si falta la i (inclusión)

No vale solo la e (electrónica) si falta la i (inclusión).

No vale solo la e (electrónica) si falta la i (inclusión)

Iglesia de San Martín de Castañeda (Zamora)

Asistimos a un época noble en el impulso de la electrónica que ha colocado la e unida por un guión o pegada a vocablos (aprendizaje, banco, campus, comercio, curso, enseñanza, mentoría, recursos, etc.) como expresión de inalámbrico, distancia o digital.

Vivimos el auge de las imágenes y las noticias que enriquecen la telecomunicación; el apogeo de plataformas que conectan dispositivos; o servidores de sonido que llenan de resonancias de voz y música los auditorios.

Con la e se aconseja fraudulentamente a grupos y se forjan mayorías de opinión; con la e se controlan inteligencias emocionales y se propagan runrunes sociales.

La e es la quinta letra del abecedario español que se ha convertido en el eón de nuestro tiempo de hucha y hacienda; representa la e una especie de proposición particular en el razonamiento lógico, del tipo siguiente: “algunas letras son electrónicas”; es decir, letras que se revisten en tubos de neón con gases enrarecidos para publicitar ambientes bajo rubros de intereses culturales o comerciales.

La humanidad no radica solo en la diseminación de la e en el currículo de los grados universitarios con menoscabo de la i (inclusión). Se ha establecido una suerte de pensamiento crítico en las titulaciones aliado con procedimientos de autorreflexión en carpetas digitales (eportafolios) que ennoblecen la identidad académica de alumnos y profesional de profesores.

La discusión intelectual sobre el alcance de la e sirve para hacer grupos de interés, servicios universitarios y asociaciones interuniversitarias que redactan y archivan ficheros como volanderas que se suspenden en el aire y se mueven a impulsos de teclado de ordenador. Este fenómeno de aprendizaje y comunicación con la e no es exclusivo de la clase académica: es un reflejo de lo que ocurre en las amistades, vecindario y país.

Del mismo modo que la burocracia crece con la e, del mismo modo que muchos ciudadanos reclaman una comunicación cara a cara (CaC), la comunicación más blanda se disfraza de evaluación de necesidades de las personas y de diferenciación en los canales de ayuda, más allá del teléfono, el correo e, la cibercharla, los medios sociales, el video o la autoasistencia.

No hay que decir nada de esa actividad febril de la e, fruto de la ingeniería, convenientemente ataviada de modernidad, si no se contemplan las actitudes y conductas de las personas a la discapacidad en la universidad que abra las puertas de la i (inclusión).

Evitar la pérdida o limitación de oportunidades para participar en la vida normal universitaria en un nivel igual a otros debido a barreras físicas y sociales: eso lo que importa para una universidad en clave i que indica la altura inclusiva de la equidad.

Mostrar esa condición imperecedera quizá pueda ser filantrópico; lo es, en realidad, en el sentido valeroso y valioso de la educación superior, porque unge de competencia la condición humana y rescata la excelencia de la vulgaridad.

Desde este siglo se han abierto las puertas a los grados y másteres universitarios e interuniversitarios que han atendido a la construcción social de la discapacidad (cognitiva, de desarrollo, intelectual, mental, física, sensorial o una combinación de estas) como responsabilidad de la sociedad y de las barreras en las que ésta se construye.

Pero resulta difícil encontrar una penetración de la i en las cinco ramas de conocimiento y en los grados universitarios por igual. Más allá de la Pedagogía y la Psicología la i parece un balbuceo en el abecedario de los departamentos.

El fenómeno no es inexplicable. Se trata en primer lugar de un reflejo de la cultura de la práctica universitaria basada en la competitividad: suprimidas las barreras de acceso en las infraestructuras de algunos edificios, como en las calzadas de la vía pública, la retención y la graduación de los estudiantes con necesidades específicas son desconocidas, porque no constan las tasas de deserción en la muestra de la diversidad en el conjunto de la población estudiantil.

Segundo, la e (electrónica) tiene una e prima en la universidad que es la equidad. Este término refiere a ecuanimidad, imparcialidad y paridad con la que deben ser tratados todos los estudiantes al margen de algún impedimento. Usado en el contexto de la educación superior, incluye referencias a la justicia social y a dar iguales oportunidades para que todas los estudiantes lleguen a lo más alto de su vivacidad.

Ello revela que la conciencia social ha encarnado el valor del género a todo lo que la rodea. La b de brecha se ha hecho viral (otra resonancia de la e) en el género anegando de correcciones los discursos políticos y literarios con grafías (@, /) que se interpolan en el lenguaje escrito lacerando denominaciones de personas.

El testimonio de la fisura de la i es más que un testimonio a nivel universitario. Las normas o estándares de calidad han revelado cierta discriminación por razones de la diferencia en estudiantes universitarios, particularmente en aquellos cuyas debilidades son más imperceptibles o están ocultas.

Los estudiantes son los primeros que tienden a no revelar sus discapacidades, por temor a la vergüenza, pérdida de la beca si la tuvieran, marginalidad o fracaso ante sus propios compañeros.

Las necesidades de acomodación de los estudiantes que manifiestan diferencias llegan antes al personal de administración y servicios (PAS) que al personal docente e investigador (PDI) y las encuestas de satisfacción de los estudiantes tienden a congratularse más con las prestaciones de servicios del PAS que con la utilización de prácticas inclusivas del PDI.

Es delicado afrontar las obligaciones que la realidad inclusiva impone al conjunto de la universidad: desde la admisión de estudiantes, el currículo, los eventos académicos, las clases y las prácticas externas hasta los espacios físicos. Problemas de igualdad de oportunidades y preguntas que arrecian para cualquier programa inclusivo de cualquier campo de conocimiento que no atienda a un estudiante con una sola actitud: probidad moral.

 

No vale solo la e (electrónica) si falta la i (inclusión)

San Martín de Castañeda (Zamora)

 

Luis Miguel Villar Angulo

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