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Luis Miguel Villar Angulo

Retorno social y ambiental

Retorno social y ambiental.

Cuando una mujer llega a la universidad como Personal Docente e Investigador (PDI) apuesta por redefinir la igualdad de género, viene a la institución universitaria para hacerse un nombre, con la bulimia propia de comerse el desfase histórico habido hasta ahora en los puestos absorbentes de investigación y de exigente gestión en la universidad, sabedora de las consecuencias personales y sociales que representa su retraso en la maternidad, pero con el convencimiento del retorno social y ambiental que la mujer tiene por el valor añadido de gestionar trabajo y familia muchas veces con niños y niñas. Su reclamación de equilibrio vital entre la productividad del trabajo académico y la responsabilidad familiar parece reducir la brecha rocosa de la discriminación de género.

Datos para comprender el retorno social y ambiental

El impacto social y ambiental de las mujeres en las universidades se advierte por los Datos-y-Cifras-del-SUE-Curso-2014-2015 tomados bajo una perspectiva histórica. Las mujeres universitarias, no importa que sean funcionarias o contratadas, representaban el 39,4% del personal docente de las universidades públicas, siendo el porcentaje algo mayor en el caso de las universidades privadas (43,3%). En el caso de las universidades públicas, las mujeres que tenían la categoría profesional de catedrática representaban el 20,7%. La mayoría enseñaba en disciplinas de arte y humanidades (47,6%) y en mucho menor grado en ingeniería y arquitectura (20,6%).

Estas cifras no aludían suficientemente a la condición demográfica familiar de la mujer (edad, estatus familiar, etcétera), tampoco a la mujer en el contexto de las distintas disciplinas, o la edad en que las mujeres adquirieron el título de doctora. Léanse los datos de las mujeres catedráticas relativas a 2006 en Estados Unidos que muestran igualmente que el porcentaje de docentes es menor que el de los hombres, incluso en ramas dominadas por las mujeres como Psicología. Igualmente, y para ampliar el debate sobre las profesoras madres y la carrera académica, léase el artículo de Lisa Wolf-Wendel & Kelly Ward: Academic Mothers: Exploring Disciplinary Perspectives.

Criar y profesar: dos roles de la mujer universitaria. La vida universitaria de las profesoras que siendo madres aspiran a la transformación de su rango o categoría profesional está trufada de estrés y jirones, y de orgullosa satisfacción y triunfos. ¿Cuántas mujeres persiguen la carrera académica acomodándola a la vida familiar? ¿Cuántas profesoras desempeñan roles de responsabilidad en los servicios y en el gobierno de las universidades? ¿Cuántas profesoras de las distintas disciplinas, incluidas las ciencias, tecnología, ingeniería, matemáticas, sociales, humanidades, etcétera, asumen como único rol su desarrollo como investigadoras? ¿Cuántas profesoras encuentran su equilibrio gracias al apoyo familiar ante al estrés laboral? ¿Cómo se viabiliza el retorno social de la formación académico-investigadora de las mujeres que son madres o cuidan de personas dependientes? En cualquier caso, a los beneficios cualitativos de la mujer académica y responsable familiar no se les puede asignar un valor monetario.

Los contextos de las disciplinas – humanidades, por ejemplo – marcan una diferencia en la conciliación de las vidas laboral y familiar de las mujeres. Aunque el desarrollo cultural en la universidad frente al familiar parece que es más común en los hombres que en las mujeres, no existen diferencias en las trayectorias profesionales de las madres y los padres con hijos e hijas en las universidades, al menos en Estados Unidos. En un estado de este país y a través de sondeos a doctorandos, muchos estudiantes de grado declararon que renunciaban a proseguir la carrera universitaria por la difícil conciliación de la vida académica con la familiar. 

Los factores que sostienen o impiden una restitución ambiental de las profesoras madres universitarias se refieren a las barreras (discriminación por género, ausencia de apoyo departamental) y apoyos que reciben en el seno de las instituciones universitarias y que incluyen el acceso al asesoramiento, la aceptación en equipos de investigación y la cooperación en la docencia y las publicaciones. 

Políticas para un retorno social y ambiental

En fin, las políticas y prácticas universitarias deberían reconocer el doble rol de profesora y madre con o sin hijos o personas dependientes por medio de:

  • Prejubilaciones de mujeres y hombres que tengan demandas familiares.
  • Mentoría de las mujeres PDI que aspiren a la transformación profesional en la carrera docente.
  • Estimulando programas de doctorado que reviertan la percepción de incompatibilidad en las vidas académica y familiar.
  • Regulando tiempos breves y largos de permiso para las mujeres que incluyan el cuidado familiar (embarazo y crianza de recién nacidos) y las minusvalías o emergencias de miembros familiares.
  • Servicios activos en guarderías y modificación de los horarios de las obligaciones académicas.
  • Investigando los sentimientos y emociones de las profesoras que trabajan en universidades competitivas públicas o privadas. (Léase un ejemplo en esta línea de Susan K. Gardner). 

El retorno social y ambiental de la mujer en la universidad debería ser reconsiderado a la luz del esfuerzo adicional que mantiene ante un ambiente sometido a la presión por alcanzar cotas de excelencia y altos rankings de productividad investigadora, además de una excesiva carga docente según los sexenios alcanzados. 

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6 thoughts on “Retorno social y ambiental

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  4. YESICA SANTANA DIONIS

    Buenas tardes.
    Soy alumna del Grado de Maestro en Educación Infantil y desde mi humilde opinión la propia denominación de estos estudios dan la espalda a la inclusión e igualdad de género, dato curioso teniendo en cuenta que el porcentaje de mujeres que cursan este grado supera el 90% del total de estudiantes del mismo; tristemente la sociedad continúa reflejando valores y conductas del patriarcado social al que ha estado sometida a lo largo de la historia, aunque por suerte esto ha venido cambiando en las últimas décadas (las políticas de igualdad han ayudado, muestra de ello es el aumento lento pero constante de mujeres docentes en las universidades o que ostentan cargos directivos en muchos otros campos, aunque no han conseguido extinguir el problema).Sin embargo desde el punto de vista de una estudiante, hecho en falta recursos y sistemas alternativos en los grados universitarios para que nosotras, estudiantes con cargas familiares, podamos beneficiarnos también de un sistema educativo público que favorezca la conciliación familiar y de formación, a través, por ejemplo, de estudios a distancia o semiprensenciales (en muchas ocasiones cuando comentas tu imposibilidad de acudir a clase con regularidad te invitan a hacer un examen final, lo que en mi opinión merma el aprendizaje), creo en la educación a lo largo de la vida, en las segundas oportunidades y en un sistema educativo, laboral y social realmente inclusivo que favorezca la igualdad de oportunidades, por todo esto me pregunto, ¿en el siglo XXI, era de la tecnología, no sería necesaria y posible una flexibilización, tanto de los sistemas educativos como laborales, que permitiera a mujeres y hombres con cargas familiares conciliar en lugar de priorizar?

  5. YESICA SANTANA DIONIS

    Buenos días. Visitando de nuevo su blog y revisando si tenía respuesta, me he dado cuenta de un terrible error ortográfico (“hecho en falta”), me disculpo y rectifico mi error (echo en falta).

  6. lmva Post author

    Su comentario, juicioso y realista, apunta un hecho incuestionable: la educación debe flexibilizar las contingencias de los estudiantes: unos por cargas familiares, otros por razones laborales. Proponga que los representantes de los estudiantes trasladen a los consejos de departamento y juntas de facultad iniciativas de flexibilización curricular.

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