CU de la US
Luis Miguel Villar Angulo

Sistemas de Rangos Académicos Universitarios

 

Patio de la Universidad Pontificia de Salamanca

Los resultados del sistema de Rangos Académicos de las Universidades Mundiales (ARWU, por sus siglas en inglés) o Sistema de Shanghái aparecieron nuevamente el 15 de agosto de 2023.

Las universidades públicas y privadas españolas se han sentido frustradas con los resultados obtenidos en ARWU, y, si cabe, irritadas en la mayoría de sus 3.216 titulaciones de grado. La prensa se ha limitado a contar la posición de las universidades españolas entre las primeras 100 o 500 del mundo, advirtiendo un nuevo bajón en este sistema llegando algunas de ellas a la posición del grupo de las 600. La relevancia del ARWU puesta encima de la mesa del Ministerio de Universidades ha servido para calificar la imagen pública de las 50 universidades españolas públicas financiadas con dinero del contribuyente.

Aunque nuestras instituciones de educación superior se han sentido presionadas para mejorar la calidad del campus, no han acertado a desentrañar plausiblemente algunos indicadores del sistema chino ARWU: calidad de las investigaciones, cantidad de publicaciones científicas, influencia de la investigación, etcétera. No comento la ausencia de dos indicadores del sistema: premios Nóbel y medallas Fields, inasumibles en nuestro país hoy por hoy, y que parecen reservados a contadísimas universidades internacionales. Por las venas de los indicadores ARWU también circula el rendimiento per cápita. Etiqueta el gasto por estudiante en un área específica. No es un criterio despreciable porque despeja rangos temáticos en campos como Ciencias Naturales y Matemáticas que ensalzan o colapsan cualquier sistema clasificatorio general de programas.

Las ventajas de las plataformas de comparación de resultados de universidades son la recompensa o castigo de aquellas unidades organizativas universitarias que suben o descienden en los rangos obtenidos. Por tanto, la transparencia de los resultados tiene un efecto beneficioso en el conocimiento científico y financiero de las instituciones de educación superior.

Un 87,90% de los estudiantes españoles de ambos sexos con tasas de éxito, que anidan los campus de las universidades públicas y privadas de España con matriculaciones, se formulan decenas de preguntas sobre las tasas de rendimiento, abandono y duración media de los estudios en las universidades; piensan en decenas de argumentos sobre las tasas de graduación en el estudio; meditan en torno a decenas de cuestiones sobre la acreditación de las titulaciones; repasan decenas de porcentajes de los empleos de los graduados universitarios; y reflexionan sobre decenas de doctorados que invisten el cuadro docente de sus titulaciones. Porque el alumnado con curiosidad intelectual quiere tener en sus manos recursos de conocimiento para comprender el  mundo interior de una universidad.

Las universidades apoyadas en indicadores, como bastiones moldeables de plastilina, se desarrollan en áreas científicas, específicas y mutables. Los criterios son aguijones cautos: estimulan la investigación científica, incitan el desarrollo de planes de acción, motivan el cambio positivo clausurando voces de la desidia y ayudan a las familias a seleccionar o declinar universidades para el estudio de sus hijos. Al final de una evaluación comparativa las instituciones universitarias viven en estados de alerta merced a los indicadores. Son alertas anuales, internacionales, que muestran las radiaciones de la corteza de un campus y suplen las imágenes de la capa de ozono que envuelve algunas universidades.

No obstante, el Sistema de Shanghái no ha sido la única clasificación de criterios revelada en el escenario social en los últimos años. Existen otras normas, factores y resultados, así como mecanismos de recopilación y exportación de hallazgos heterodoxos que provocan confusión en las universidades. Porque bajo las resonancias de dos prismas evaluativos, una misma universidad tiene dos miradas existenciales.

Fascinados por la dificultad de la síntesis, Dugerdil, Sponagel, Babington-Ashaye y Flahault (2022) han constatado que no existe un sistema clasificatorio específico para las titulaciones vinculadas con el área de ciencias de la salud. Tras una revisión exhaustiva de la literatura sobre sistemas internacionales universitarios de rangos clasificatorios hallaron que, de un total de 55 artículos, 10 artículos proponían un nuevo sistema de clasificación de universidades, nueve expresaban un nuevo método para analizar o mejorar los sistemas de clasificación de las universidades internacionales existentes, tres planteaban nuevos indicadores y dos sugerían una nueva base de datos.

Al leer ese artículo me encuentro con un dilema: expansión de sistemas o  contención de indicadores. Y esto es tan cierto que el magnífico sistema español Webometrics o Webometrics Ranking of World Universities ha expandido la clasificación de universidades y centros de investigación a nivel mundial por el número de páginas web, número de archivos PDF, presencia de una universidad en las redes sociales, y otros factores relacionados con el despliegue en línea de un centro universitario; en fin, hace hincapié en la visibilidad de un campus. Si bien Webometrics evalúa la realidad del mundo universitario en línea, las relaciones cíclicas entre instituciones académicas, la permeabilidad de los criterios y su respectiva influencia o la posibilidad de adquirir conocimiento mediante el estudio de enlaces, ventanas e iconos, sin embargo, no refleja necesariamente la calidad académica o la excelencia en la investigación de una universidad. 

Por si hubiera nostalgia de otro sistema español, el Scimago Institutions Ranking utiliza una amplia gama de indicadores para evaluar la producción científica de las instituciones universitarias. Dedica un 50% de la información anual a la investigación (impacto normalizado, excelencia con liderazgo, producción, etcétera), un 30% a la innovación (conocimiento innovador, patentes e impacto tecnológico) y un 20% a asuntos sociales que incluyen el nuevo concepto de altmetrics (indicador que combina referencias en blogs, número de tuits o personas que usan gestores de referencias).

Con la aplicación de algún sistema de rangos de ese muestrario se gana certidumbre y perfección epistemológica en el conocimiento de una universidad. Además, un estudiante curioso puede responder con verosimilitud a cuestiones que despejan sus penumbras y sombras cognitivas:

  • ¿Tiene credibilidad un sistema de clasificación? Desde el conocimiento intuitivo de un estudiante atisba los elementos cruciales de un sistema: metodología, fuente de datos, objetividad, revisión de pares, transparencia, reproducibilidad e historial de la entidad universitaria que revelan autoridad en el juicio; es decir, que los resultados del sistema no son proezas visionarias y retóricas sino la substancia del mismo sistema universitario.
  • ¿El sistema de clasificación es real o se trata de una estafa? Esta cuestión suscita la ordenación de los perfiles del paradigma de la realidad verificando las fuentes, comprobando la metodología y los datos, justificando la consistencia de los elementos con otras fuentes, argumentando las líneas rojas sobrepasadas por los indicadores, refutando los conflictos de intereses del cuadro simbólico del sistema, y rectificando los comunicados oficiales declarados para conocer la razonabilidad del sistema debidos supuestamente a la magia institucional de un cuadro rectoral.
  • ¿Se basa el sistema de clasificación en factores científicos o no? El paquete informativo de un sistema debe evidenciar datos observables y medibles, revisados por pares, replicables y transparentes, cuyos términos provengan de consensos reconocidos y publicados en revistas científicas.
  • ¿Pueden los estudiantes comparar las universidades según un sistema de clasificación? Desde un contexto personal, los estudiantes pueden conocer intuitivamente un sistema de clasificación y tener la osadía retórica de juzgar su idoneidad sin haber añadido investigaciones evaluativas adicionales sobre una universidad. Además, los estudiantes se pueden obsesionar por dos circunstancias: los cambios en los rangos habidos en el tiempo de un programa o universidad, y los sesgos de las políticas institucionales por los equipos rectorales.
  • ¿Puede una institución de educación superior mejorar su trabajo con un sistema de clasificación? La organización de datos de los resultados sirven de acicate para adoptar decisiones. De otra parte, los datos obtenidos son plenamente sensibles para la mejora de la eficiencia y la revelación del remedio. Un sistema de clasificación crea una idea cultural de mejora en la atención al cliente. Y el principio de su grandeza no para ahí. Concilia el impulso humano para detectar fraudes y anomalías con la habilidad para crear un espacio abovedado en la institución universitaria con la firmeza de su precisión numérica.

Uniformidad

“Uno de los problemas más graves que tiene la universidad española es la uniformidad”, decía Núñez (2023). Cien veces que un estudiante lee las materias de un grado o doble grado ansía distinguir sus objetivos, contenidos, habilidades y competencias para estar al corriente de la exactitud o impostura de los títulos de las materias que lucen o degradan la sustancia de una rama de conocimiento. La carga adicional de asignaturas convierte los dobles grados (Administración de Empresas y Derecho, por ejemplo) en una copa sin el asa de una titulación y sin el cuello de la otra.

Objetivos, contenidos, habilidades y competencias de todos los colores alfombran los 592 dobles grados de las universidades presenciales públicas y 418 dobles grados (presenciales y no presenciales) de las universidades privadas del curso 2022-2023: la mano de los equipos docentes reinan en las guías docentes de las asignaturas y programas; los prolíficos equipos docentes aumentan el tiempo de los cursos, riegan las materias con créditos y cantan a los estudiantes la nueva perspectiva curricular, y esta canción del doble título alegra sus creencias sobre su futuro profesional. Tampoco sabemos el protagonismo que tienen los 2.171 departamentos de las universidades públicas y 467 de las universidades privadas en la ingente tarea de diseñar los 138 dobles másteres de las universidades públicas y privadas de todas las ramas de conocimiento. Bien, ¿estamos realmente seguros de que el poder de los miembros de un departamento no ha impulsado los nombres de los cursos y el número de créditos en función de sus conocimientos epistemológicos y de otras convenciones sociopolíticas?

El número de universidades públicas con actividad (incluidos sus tipos y modalidades) es 50. Mientras que las universidades privadas con los mismos atributos es 39 en el mismo curso 2022-2023. Cuanto mejor repasamos las cantidades mencionadas, más parece que las universidades privadas tienen señales eléctricas para reaccionar ante los cambios de mercado profesional para abrir nuevas titulaciones en las ramas de conocimiento, y no se detienen ante la pompa de los dobles grados que no ofrecen contenidos asombrosos para la empleabilidad y otras opciones profesionales.

La expresión más generalizada de un curriculum para el siglo XXI alude un amplio espectro: holístico y diverso. Afirma sencillamente que el problema de las titulaciones es muy complicado, abarcador y difuso, y ofrece pocos atisbos acerca de cómo son las destrezas y competencias andaderas para transitar por un mundo laboral volátil.

Estudios académicos y demanda laboral

El proceso de globalización mundial del comercio, la fuga de cerebros a los países más desarrollados y el crecimiento de las comunicaciones electrónicas constatan que el poder y la fuerza de un estado residen en el talento de sus habitantes. Es evidente que invertir en complejas habilidades y competencias de los ciudadanos es crucial para que los estados puedan vivir el sueño del crecimiento en el producto interior bruto.

El capital humano de los estados tuerce el aire vacío, despierta la luz dudosa y alerta el horizonte. Los estudios universitarios y la demanda laboral están disociados, viven en discordia. Existe una necesidad social creciente de capacitar a la mano de obra para cualificarla en el campo de la tecnología. Muchas de las ocupaciones presentes (administración de empresas, economía, informática, ingeniería, ciencias, educación, derecho, servicios a la comunidad, arte, medios de comunicación, medicina, ventas, trabajos de oficina, agricultura, construcción, producción, transporte, etcétera.) tienen un grado distinto de impacto en la tecnología. Con lento paso, las ocupaciones de bajas exigencias intelectuales y sociales suplirán las rutinas por “nuevas destrezas” técnicas, creativas, multidimensionales e interactivas con el apoyo de las nuevas tecnologías.

El dogma actual de las organizaciones de trabajo sostiene que muchas tareas son algoritmos que se pueden representar por fórmulas matemáticas. En tal caso, urge anticipar las necesidades futuras de trabajo, reforzar el aprendizaje permanente incluido el aprendizaje basado en el trabajo y el establecimiento de programas de mentoría. Con todo, existen pocos estudios que aborden el impacto del género y los títulos académicos en el desempeño de competencias transversales: comunicación, liderazgo, trabajo en equipo, adaptación al cambio, iniciativa, resolución de problemas, toma de decisiones, planificación y organización. Se conoce que la transición de grado a máster en las universidades públicas y privadas en 2020-2021 fue de 23,13% en todos los ámbitos. Es posible que el estudiantado finalmente haya llegado a la conclusión de que las oportunidades de empleo no aumentan con la acumulación de másteres.

No se pueden conocer mejor los límites de la realidad competencial de los egresos que hacer experimentos serios. El estudio de Santiago, García, Diez, Redondo y Lavandera (2022) sobre 11 instituciones de educación superior reveló que los hombres consiguieron mejores resultados en liderazgo, iniciativa y toma de decisiones, mientras que las mujeres lo ganaron en planificación y trabajo en equipo. Los estudiantes de titulaciones de Ciencias Sociales tuvieron un peor rendimiento en competencias que los estudiantes de Ciencias de la Salud y Enseñanzas Técnicas. En comparación con los hombres, las mujeres lograron mejores resultados, independientemente de la titulación, en la destreza de planificación. Como apostilla estadística conviene subrayar que el número de mujeres (768.533) en el curso 2022-2023 fue superior al de hombres (584.814), sin especificar otros parámetros universitarios (nivel académico, grupo de edad, rama de enseñanza, etcétera).

Responsabilidad social universitaria

La responsabilidad social de una universidad está influida en general por el concepto de responsabilidad usado por las empresas. Incluye ideas y principios éticos y valores, eficiencia en el rendimiento para conseguir resultados óptimos en función de los recursos, participación social y promoción de un desarrollo humano, social y económico que conserve y mantenga el medio ambiente, consideración de los beneficiarios para que los ayudas sean mutuas y sostenibles, y normalización basada en indicadores de sistemas de clasificación para producir y difundir un conocimiento socialmente pertinente.

Para reorganizar la Universidad no bastan los números. Por lo general, las universidades cambian en función de sus estilos de gobernanza. Sigue dominando en nuestro país la regulación estatal centralizada de la enseñanza superior ahora levemente abierta a las comunidades autónomas, el autogobierno de las universidades con todas las esferas de poder rectoral, en la gestión y administración de facultades y departamentos, las agencias de evaluación y acreditación del personal y de las titulaciones, y el papel del consejo social en la apertura institucional al mercado.

La transformación de la gobernanza universitaria optimizará los procesos y estructuras para la eficacia organizativa en muchos aspectos, por ejemplo, la internalización del campus con la apertura a estudiantes extranjeros que contribuyan con mayor esfuerzo en sus matriculaciones. El número de estudiantes internacionales que acceden a las universidades españolas es 135.474, de los cuales 91.985 tienen como destino universidades públicas y 43.489 centros privados, siendo la universidad de Granada el campus de mayor número de estudiantes entrantes (5.475). Asimismo, la Universidad de Granada es la segunda mejor del país y está entre las 300 más prestigiosas de todo el mundo, según la ARWU. Estos datos respaldan la idea de compromiso global, garantía de enseñanza aprendizaje, resultados de investigación, y gestión de la calidad para su mejora continua.

Los problemas más complicados de la universidad deben resolverlos personas – profesores, alumnos, agentes sociales – con genio.

Qué grande es la universidad que no queremos ver. Y nosotros sin darnos cuenta la miramos sin ver

Ref.

Dugerdil, Adeline & Sponagel, Lara & Babington-Ashaye, Awa & Flahault, Antoine. (2022). International University Ranking Systems and Their Relevance for the Medical and Health Sciences. International Journal of Higher Education, 11(5), 102-102. doi:10.5430/ijhe.v11n5p102.

Gómez, Gema & López, Oscar & Diez-Vega, Ignacio & Redondo Duarte, Sara & Ponce, Silvia. (2022). The Impact of Gender and Academic Degrees on the Performance of Transversal Competencies in Higher Education Students. International Journal of Higher Education, 11(3). 148. doi:10.5430/ijhe.v11n3p148.

Núñez, E. (2023). La universidad española se dirige hacia la irrelevancia total. El Mundo, 2 de Septiembre, 2-3.

Catedrales vieja y nueva de Salamanca

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